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Nosotros abogados.

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¡Nosotros abogados! ¡Nosotros que tenemos el poder de la ley en nuestras cabezas! ¡Nosotros que tenemos el destino y la culpa del cliente que patrocinar! Y en ocasiones o somos dueños de ellos o súbditos de su poder y su dinero; en suma: somos los camaleones de la sociedad civil, una especie de filtro del sistema. Debiéramos creer entonces que existe cierto guion que cumplir, hacer el papel que nos toca en determinado momento. Pero siempre habrá eutimia para nuestras conciencias.
¡Nosotros que conocemos la ley desconocemos su trama secreta! Ciertamente uno puede decir que defender al cliente es defender los más alto valores de la constitución del Estado de Derecho; ¿Sera que uno en realidad siempre es responsable de los mecanismos de perpetuación de este tipo de sociedades? Es una cuestión insoluta. Desde que acepto defender un ciudadano o empresa, intereses colectivos o medio ambiente, etc., estoy de alguna manera aceptando la repetición de la reproducción de este tipo de sociedad.
Por supuesto que para tranquilizar mi ánimo y mi conciencia, llevo en mi memoria la huella del juramento de los abogados; Por lo tanto este es el filtro que me predispone a contribuir a esta sociedad que se reproduce a si misma al modo de los espejos y la imagen, aquí puedo pecar por exceso de mi lectura de la microfísica del poder, lo único que hace un abogado es patrocinar la trama de perpetuación de esta sociedad sin conocer sus mecanismos de reproducción. Solo sabemos el punto de partida: el juramento; y su consecuencia: Una conciencia sin apuros.
Recuerdo la estructura sartriana de la conciencia: su estado de vacio, su arrojo en el mundo, su comprometimiento con el proyecto: el hombre en medio del mundo haciéndose responsable. Si todo esto es el origen ontológico del ser humano ¿Por qué aceptar el filtro de continuidad de esta sociedad? Ya vendrá el nuevo abogado, sin residuos de la moralidad contra-natura que agobia al hombre de hoy.
No obstante, mientras permanecemos en la espera, es muy útil la reflexión de Dostoievski: ‘‘EL ABOGADO ES UNA CONCIENCIA DE ALQUILER; PERO SOBRE TODO, OCURRE LA ESTUPIDA PARADOJA DE QUE EL ABOGADO NO PUEDE NUNCA OBRAR EN RELACION CON SU CONCIENCIA, VIENDOSE OBLIGADO A TRAICIONARLA AUNQUE NO QUIERA. ES UN HOMBRE CONDENADO A NO TENER CONCIENCIA. FINALMENTE, LO IMPORTANTE Y SERIO EN TODO ESTO ES QUE SU POSICION TAN TRISTE PARECE IMPUESTA POR ALGUIEN O POR ALGO, HASTA EL PUNTO DE NO CONSIDERARSE YA UNA PROPENSION, SIN ALGO ENTERAMENTE NORMAL’’ DIARIO DE UN ESCRITOR, LONGSELLER, PAG. 135.
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