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CREER EN UNA MORAL ES CONDENAR LA EXISTENCIA

CREER EN UNA MORAL ES CONDENAR LA EXISTENCIA.
¿Qué es la moral, o una moral? Supuestamente es un sistema de reglas a seguir por un grupo social. Ahora deberíamos preguntarnos ¿Cuál fue la moral de los últimos quince años? La respuesta es de Perogrullo: el mercado.
Los mercados se han convertido en una forma de extensión de los productores de poder, con la obvia consecuencia de la desigualdad social. La realidad es que un esquema de producción de poder y su esencial producción de saber, hacen fatalmente necesario la desocupación y la indigencia; esta es la tragedia contemporánea. La economía de mercado solo puede funcionar y gozar de buena salud, si y solo si, arrojan fuera del sistema de política de sociedad a los sectores que no califican para generar las reservas individuales de riesgos, así sean: prepaga médica, seguro jubilatorio, entretenimiento, educación privada; la lista puede llegar a ser interminable.
Es evidente la moral que postula el mercado, produce una verdad indiscutible. Un sector será la gran empresa, las capas medianas se convertirán en la pequeña empresa, otros consumirán, y el último grupo tendrá la carga de la desocupación y la indigencia.
Esa carga es el rotulo de necesidades insatisfechas, que tramita con eufemismo la hambruna social de alimentos y justicia. La paradoja es que las constituciones de todo occidente garantizan el apetito satisfecho, las ropas la vivienda única familiar, el derecho a trabajar y a la salud. Pero toda política económica si quiere ser exitosa ha de mantener un margen de desocupación e indigencia; ocurre que, espero que esto no sea verdad, el 80% de población mundial posee la pobreza e indigencia. Estos cálculos surgen de mi propia conciencia. Si en mi país de 38 millones de ciudadanos hay 15 millones de pobres más 4 millones de indigentes, se deduce que 19 millones de ciudadanos se han quedado al margen de la veridiccion del mercado. Es dable observar que la moral que produce y el saber que produce la economía se estructura sobre un índice terminológico y teórico de desocupados e indigentes. De los mil niños que nacen por día en la Argentina, la mitad se suma a ese índice trágico de la economía.
Es por ello que creer en la moral del mercado es condenar la existencia. Esos conciudadanos míos nunca podrán ejercer debidamente el derecho a votar porque o los mata el hambre o son cooptados como carne de cañón de la delincuencia organizada o son victimas del clientelismo de algún feudo. A ello debemos sumar una profesión que los estudia y los clasifica: los encuestadores. Si esos profesionales que ubican los mapas de asiento de la pobreza, esos profesionales que hacen de los millones de pobres e indigentes un porcentaje de la realidad social dividiendo en segmentos a las pobres gentes, (como escribe Dostoievski), haciendo indolora la in-formación, porque es eso formación de opinión ligera para no sentir el dolor de los otros. No sea cosa que la población económicamente activa deje de trabajar, de consumir, de producir bagatelas con valor agregado o mucho peor: que deje de ser formado por los medios de-comunicación.
Esta es la tragedia del derecho de los que son la nota marginal de la economía política. En la regulación de la distribución de roles económicos están Las Pobres gentes, verdaderos protagonistas y sostenedores del equilibrio moral que condena su existencia.
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