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Estafa. Tipicidad. Ardid o engaño

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Estafa. Tipicidad. Ardid o engaño.

Debe calificarse como constitutiva del delito de estafa la
conducta desplegada por quien se granjeó la confianza de
los integrantes de la empresa de remis, que contaba entre su
flota con el vehículo del que se apropió mediante el fraude
ejercido sobre el conductor del auto con perjuicio sobre el
dueño del coche. (Dres. Rodríguez Basavilbaso, Catucci,
Madueño).

Magistrados : Rodríguez Basavilbaso, Catucci, Madueño.

Registro n° 12176.1.
Alarcón, Juan Esteban s/recurso de casación.
24/06/08

Causa n°: 8258.

Cámara Nacional de Casación Penal. Leer fallo completo

Reg. Nº 12.176
//la ciudad de Buenos Aires, Capital Federal de la República Argentina, a los 24 días del mes de junio de 2008, se reúne la Sala I de la Cámara Nacional de Casación Penal, integrada por el doctor Juan C. Rodríguez Basavilbaso como Presidente, y los doctores Liliana E. Catucci y Raúl R. Madueño como Vocales, a los efectos de resolver el recurso de casación interpuesto por la defensa pública oficial en esta causa n 8258, caratula-da: “Alarcón, Juan Esteban s/ recurso de casación”, de cuyas constancias RESULTA:
1) Que el Tribunal Oral en lo Crimi-nal n 16 de esta ciudad no hizo lugar al planteo de prescrip-ción de la acción penal efectuado por la defensa oficial y condenó a Juan Esteban Alarcón a la pena de dos años y seis meses de prisión en suspenso y costas por considerarlo autor penalmente responsable del delito de estafa.
Contra dicho pronunciamiento el asis-tente técnico estatal interpuso recurso de casación por los dos motivos previstos en el art. 456 del Código Procesal Penal; concedido a fs. 306/vta, fue mantenido en esta sede a fs. 311.

2) Que en el remedio extraordinario de impugnación el letrado oficial renovó el planteo de nulidad del reconocimiento en rueda de personas por inobservancia de las formas procesales previstas en los arts. 200 y 201 del cuerpo legal citado habida cuenta de la falta de notificación a la asistencia letrada, sin que pueda entenderse, como sostuvo el a quo, que ese requisito se tuvo por cumplido con la notifi-cación de la realización de otra rueda, que nunca se llevó a cabo. De ese modo, a su juicio, la defensa careció de la posi-bilidad de su control por tratarse de un acto único e irrepro-ducible, de donde se deriva su nulidad por encontrarse afectada la garantía constitucional de defensa en juicio.
El defensor oficial planteó, también, la arbi-trariedad de la fundamentación de la sentencia, pues entendió que la logicidad y la certeza en que se sostiene son aparentes al no constituir los testimonios y el resto de la prueba premi-sas suficientes para afirmar las conclusiones a que se arriba.
Expresó que la única prueba que permite vincular a su asistido con el desapoderamiento es que se encontraba a bordo del vehículo cuatro meses después de haber sido sustraí-do, y que no se tuvo en cuenta que en realidad pudo haberlo recibido del verdadero autor o incluso de un tercero. El resto de los elementos probatorios conducen a la desvinculación de Alarcón del hecho investigado.
Hizo hincapié en que, según los informes de fs. 209, 212 y 213, en el día del hecho el procesado estaba traba-jando en la empresa Esso Petrolera Argentina S.R.L., circuns-tancia confirmada por el testimonio de Karina Alejandra Bruno, quien comentó que el supervisor del nombrado, Alejandro Saiz, le dijo que hiciera los certificados.
Señaló que el pronunciamiento no pudo demostrar que la versión acerca de la ajenidad de su asistido de la maniobra delictiva fuera falsa.

Sostuvo que los dichos de su asistido tienen el mismo valor probatorio que los de las víctimas, situación que impone el beneficio del in dubio pro reo.
El defensor oficial indicó, por otra parte, que el error en la aplicación de la ley sustantiva consistió en haber calificado como estafa a una conducta constitutiva del delito de hurto, y en que a su respecto la acción se encuentra prescripta pues la citación a juicio data del 4 de abril de 2003, sin que hubiera habido con posterioridad algún acto inte-rruptivo, de conformidad con lo que dispone el art. 67 del Código Penal.
Manifestó que de la descripción fáctica del epi-sodio delictual no se advierte que se haya desplegado un ardid o un engaño toda vez que Marchán no realizó ningún acto de dis-posición de su patrimonio o del de un tercero. La conducta de Alarcón pudo haber constituido en todo caso un engaño tendiente a lograr el desapoderamiento del bien, pero no una disposición patrimonial voluntaria.
La entrega del ticket de estacionamiento por Marchán fue lo que aprovechó el encausado para lograr el desapoderamiento del bien. Por lo tanto, ese ardid estaba des-tinado a consumar el delito de hurto.
Solicitó, en consecuencia, que se case la reso-lución recurrida.
3) Que en la etapa prevista en el art. 465, primera parte, del Código Procesal Penal, la defensa oficial abundó con citas legales y de jurisprudencia en los agravios expuestos por el defensor de la instancia oral.

4) Que sin más trámite, y transcurrida la au-diencia establecida en el art. 468 del mismo cuerpo legal, el Tribunal pasó a deliberar, oportunidad en la que se fijaron y votaron las siguientes cuestiones: Primera: ¿Existió arbitra-riedad en el fallo desde el punto de vista procesal? Segunda: ¿Hubo error en la aplicación de la ley sustantiva? Tercera: ¿Qué decisión corresponde adoptar?
PRIMERA CUESTIÓN:
La doctora Liliana E. Catucci dijo:
Los agravios de naturaleza procesal planteados tornan conveniente el repaso de la plata-forma fáctica y del cuadro incriminatorio contenidos en el fa-llo.
Respecto de la nulidad del reconocimiento practicado a fs. 102, cabe repetir lo asentado en la sentencia acerca de que la defensa figura notificada, según consta a fs. 100/vta, y que si bien la fecha se nota en-mendada y no fue salvada al pie, como hubiera correspondido, es de resaltar que la defensa no planteó su nulidad, por lo que esa comunicación permanece incólume. Por otra parte, no se tra-ta de un acto irreproducible, como sostuvo el defensor, ni es-taría, en el peor de los supuestos, comprendido en una nulidad absoluta sino en una relativa, y al no haber sido cuestionado durante la instrucción o en el término de citación a juicio se ha operado a su respecto la caducidad, tal como lo prevé el art. 170 del Código Procesal Penal.

El órgano de juicio conside-ró probado el hecho con los dichos del damnificado, quien mani-festó que el procesado había realizado dos o tres viajes antes de concretar la maniobra objeto de juzgamiento, oportunidad en la que solicitó un coche cómodo y con aire acondicionado y dio muestras de que pretendía apoderarse del mejor vehículo con que contaba la agencia de remises. Ese día, 9 de marzo de 2001, indicó al chofer Marchán -damnificado en autos- un largo itine-rario a través del cual se fue ganando la confianza del nom-brado a fin de que éste, en un descuido, le permitiese quedarse con el ticket de la playa de estacionamiento, para poder con ese comprobante retirar el Peugeot 405 de esa playa sita en la avenida Corrientes y Esmeralda, de esta ciudad. Lo hizo ir desde la provincia de Buenos Aires hacia la Capital Federal e ingresar a la playa de la que finalmente retiraría el automó-vil; regresó y volvió a indicarle que lo llevase hasta un su-permercado a buscar unas cajas. Con ellas en su poder regresó a esa playa ya conociendo como era el sistema para sacar el coche de allí, y con la ayuda del chofer Marchán transportaron esas cajas hasta un edificio cercano, donde mediante engaño hizo aguardar a Marchán en la vereda hasta que salió del inmue-ble diciéndole que lo espere, que en seguida volvería, lo que nunca hizo. Cuando Marchán fue hasta la playa se le informó que el rodado había sido retirado hacía unos minutos por su acompa-ñante, enterándose, después, de que dentro de las mencionadas cajas transportadas sólo había piedras y virutas.

Varios meses más tarde Alarcón fue detenido en la provincia de Buenos Aires a bordo del coche de autos.
Dijo el juez preopinante que la maniobra ardido-sa desplegada por el encausado se revela con claridad al tener presente que varias veces se presentó en la agencia de remises donde trabajaba Marchán, le propuso un largo día de trabajo, logró relajar los medios de defensa natural de éste, obtuvo sobre la base de esas circunstancias el ticket con el que luego retiró el vehículo, y produjo el error de un desprendimiento patrimonial involuntario por parte del comerciante como un con-creto perjuicio dado que Marchán declaró que con el coche desapoderado mantenía a su familia y que por cinco o seis meses no pudo trabajar por la ausencia de esa herramienta de trabajo.
Comentó el magistrado que votó en primer término que el encausado seleccionó una playa de estacionamiento con importante movimiento de vehículos, como lo dijo Christian Toth -ex empleado de ella-, con 4 playeros, que por día manejaban aproximadamente unos cien vehículos a lo largo de varios pisos para su guarda, lo que le permitió mediante engaño, también dirigido hacia el cajero del lugar, hacerse de un bien que no le pertenecía mediante la presentación de un comprobante que pudo retener por las maniobras ardidosas previas.

Manifestó dicho miembro del tribunal oral que la elección del lugar, al igual que la del automotor, no fue for-tuita sino acorde con el plan final de Alarcón, quien quería un auto grande con aire acondicionado y logró engañar no sólo a Marchán sino también al cajero del garage, haciéndose pasar por el poseedor legítimo de ese bien aprovechando el gran movimien-to de vehículos existente en el momento del hecho.
Evaluó dicho juez el testimonio del nombrado Toth, al decir que “… el ticket es un documento, el que lo tiene retira el auto …”.
Integraron el cuadro incriminante las deposicio-nes del cajero de la playa, Hernán Wirtz, incorporada por lec-tura, en la que recordó que en esa ocasión se había acercado un remisero preguntando si alguien se había llevado su rodado, pues había llevado a un pasajero que se había guardado el ticket del estacionamiento. Si bien no pudo determinar si había sido él quien le había entregado el coche, explicó que nunca se hace entrega de los vehículos sin la presentación del ticket; y la del empleado del garage Juan Carlos Vidaurre Vargas, que reconoció haber sido la persona que entregó el ticket al pasa-jero del remis, a quien treinta minutos más tarde vio retirar el auto del estacionamiento, y que dio cuenta de que minutos después regresó el remisero pidiendo su entrega, que lógicamen-te no pudo concretarse. Este testigo agregó que el remisero ha-bía quedado al cuidado de unas cajas dejadas por el condenado.
Se completó el marco probatorio con el hallazgo de Alarcón a bordo del Peugeot 405 cuatro meses después del desapoderamiento, con la documentación perteneciente al automo-tor y la de la empresa ExxonMobil, donde trabajaba el damnifi-cado, y con el reconocimiento del imputado por Marchán a fs. 102.

De la reseña expuesta resulta sin ambages que la prueba conformada fue compleja y completa, y que se integró de manera eficiente para conducir a la incriminación penal de Alarcón. De este modo, queda huérfano de sostén el agravio de la defensa basado en que de la circunstancia de haberse encon-trado a Alarcón al mando del vehículo meses después del suceso sólo emerge una presunción de culpabilidad.
Tampoco se advierten fisuras en el razonamiento de enlace de los elementos de juicio, lo que descarta el vicio de arbitrariedad invocado por la asistencia oficial.
Resulta negativa, en consecuencia, la respuesta a esta primera cuestión sometida al acuerdo.
El doctor Raúl R. Madueño dijo:
Que adhiere al voto que an-tecede y emite el suyo en idéntico sentido.
El doctor Juan C. Rodríguez Basavilbaso dijo:
Salvedad hecha de mi opinión contraria al carácter reproducible de la diligencia de reconocimiento en rueda y a los alcances de una eventual nulidad por ausencia del control de la defensa, adhiero a la aseveración de que en el caso medió válida notificación al letrado oficial y a las demás conclusiones a las que arriba el voto de la doctora Catucci.
SEGUNDA CUESTIÓN:
La doctora Liliana E. Catucci dijo:

Menos aún puede rectificarse el encuadramiento legal de la conducta de Alarcón que hizo el tribunal de mérito. En efecto, la correcta adecuación del caso al delito de estafa, sustentada en claros conceptos jurídicos y en abundantes citas doctrinales relativos a la existencia de fraude, sea en la forma de ardid, de engaño o de ambas, como en el presente, con sus elementos diferenciales del de hurto ano-tados en la sentencia impugnada, no ha podido ser ni siquiera enervada por la argumentación del recurso de casación de la defensa. Por el contrario, aun de sus propias notas de doctrina se desprende que, lejos de lograr su propósito, la solución a que conducen en punto a la calificación legal es a la dada en la instancia oral.
Antes de hacer hincapié en ellas ha de recor-darse que Alarcón se granjeó la confianza de los integrantes de la empresa de remis, que contaba entre su flota con el vehículo del que se apropió mediante el fraude ejercido sobre el conduc-tor Marchán, con perjuicio sobre el dueño del coche, Daniel Coronel. Posteriormente, solicitó un buen auto, incluso con aire acondicionado, para hacer un largo recorrido, simulando tener que trasladar cajas, tarea en la que el mismo chofer Marchán lo ayudó, descubriendo al final que esas voluminosas cajas estaban llenas de piedras, y anticipándose a la conducta de éste al ingresar a la playa de estacionamiento donde dejarían el vehículo hasta que pudieran llevar las cajas a des-tino se quedó con el ticket, sin que Marchán, sobre la base de su conducta precedente, atinara a reclamárselo.

Fue precisamente ése el último ardid desplegado por Alarcón dado que con el ticket en su poder regresó solo a la playa y retiró el vehículo mediante la simple exhibición del comprobante de mención.
Lo dicho autoriza razonablemente a suponer que Marchán actuó con su voluntad viciada por todos los engaños y ardides desplegados por el enjuiciado, y que merced a ellos Alarcón retiró y se quedó con el coche, al punto que fue dete-nido meses más tarde al volante del mismo vehículo.
A título de ejemplo es de señalar que la con-ducta del procesado se ajusta perfectamente a la cita de Buom-padre traída por el defensor oficial, en cuanto a que en este caso, precisamente, tanto el “ardid” como el “engaño“ fueron aptos para suscitar un error en el sujeto pasivo, del que derivó un acto dispositivo de propiedad perjudicial para su patrimonio.
Lo propio ocurre con la transcripción de un fallo de la Sala I de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional de esta Capital, pues en la estafa la víctima efectúa la dación perjudicial voluntariamente, aunque engañada, mientras que en el hurto el apoderamiento se efectúa siempre “invito domine”. Puede válidamente sostenerse, enton-ces, que la víctima permitió a Alarcón quedarse con el ticket, único comprobante necesario para retirar el coche del estacio-namiento, dada la confianza que se había ganado del condenado. Y así podría seguirse con las demás citas de doctrina, lo que a esta altura resulta superfluo.

En mérito a lo expuesto, la calificación legal anticipada en la instancia oral ha de permanecer incólume, lo que deriva en una contestación negativa de este segundo inte-rrogante a consideración.
Los doctores Raúl R. Madueño y Juan C. Rodríguez Basavilbaso dijeron:
Que adhieren al voto de la doctora Catucci y emiten los suyos en idéntico sentido.
TERCERA CUESTIÓN:
Sobre la base del rechazo de los agravios expuestos por la defensa oficial en su impugna-ción, ha de concluirse de esa misma forma, con costas (arts. 530 y 531 del Código Procesal Penal).
Por todo lo dicho, y en mérito al acuerdo que antecede, el Tribunal RESUELVE:
Rechazar, con costas, el re-curso de casación deducido por la defensa oficial de Juan Esteban Alarcón (arts. 530 y 531 del Código Procesal Penal de la Nación).
Regístrese, notifíquese en la audiencia del día 30 de junio del corriente año a las 1230 y, oportunamente, devuélvase al Tribunal Oral en lo Criminal n 16. Sirva la presente de atenta nota de remisión.
Fdo.Juan C. Rodríguez Basavilbaso, Liliana E. Catucci y Raúl R. Madueño. Ante mí: Javier E. Reyna de Allende. Secretario de Cámara.

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